Sebastián, Alfonso y otros Dominicos Desempolvados


Foto de dron del convento dominico antes de abrir sus entrañas.

Es tu vida en directo
y es mejor que nadie te la cuente,
porque desgraciadamente habrá capítulos insulsos,
habrá lagos de memoria para hacerte darte cuenta
de lo que realmente importa,
si es que algo importa.

[Tu vida en directo, León Benavente]

No soy tan viejo como para recordar ese solar de otra manera. Vallado desde hace bastantes años, lleno de maleza, inhóspito por sus desniveles y barrancos. Su estampa de parcela abandonada bajo las ruinas de los frailes está grabada en el imaginario colectivo local. Desde luego que no conformaba una imagen bella pero tampoco molestaba, bien cercada y casi en un extremo del pueblo. Se distinguía el muro perimetral del claustro, una higuera crecía por el muro exterior de la zona sureste, dos colosales piedras de molino sobresalían entre los cardos, abandonadas ahí hace casi cuarenta años por encontrarse en el recinto de construcción de la piscina municipal, varios cipreses adultos disimulaban las vistas en el lateral más transitado. Podrían haber pasado decenas de años sin más alteración en el paisaje del solar que la originada por la mutación vegetal entre estaciones.

La Oportunidad o el Tren que no se Deja Escapar

Hay que remontarse al 11 de junio de 2018, coincidiendo con el séptimo aniversario de mi primera toma de posesión como alcalde de la villa. Habían pasado muy pocos días desde que Pedro Sánchez provocase la caída de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno. Aquella mañana de junio fui a Madrid a una reunión concertada en el Ministerio de Fomento gracias a la mediación de Benjamín Prieto, entonces Presidente de la Diputación de Cuenca; los altos cargos ya se encontraban “en funciones” por el triunfo de la moción de censura. El imponente edificio ministerial abruma y eso de estar en el Paseo de la Castellana, para los que somos de pueblo, pues también, la verdad. Y el control de acceso, claro. La mala memoria ha olvidado el nombre y cargo de las dos personas que nos recibieron y a las que, en su anonimato, les estaré siempre agradecido. Nos explicaron con paciencia y clarividencia los motivos por los que nuestro proyecto para finalizar la iglesia de los frailes (iluminación, aseos, oficina, recepción, auditorio, etc) había sido descartado en la última convocatoria del 1,5% Cultural. Y ahí habría acabado la insulsa historia si no fuese porque nos dieron las claves para presentar proyectos exitosos y conseguir buena valoración a ojos de los evaluadores técnicos del Ministerio de Cultura.

Ese mismo día fui consciente de que debía centrar los esfuerzos en el enorme solar, abandonado y olvidado. Llamé al arquitecto y le propuse elaborar un proyecto de excavación arqueológica del desaparecido convento para concurrir a la convocatoria del 1,5% Cultural. El 28 de junio de 2018, el Ayuntamiento de Villaescusa de Haro presentó solicitud para la financiación de las obras de “Rehabilitación del Convento de los Dominicos (Fase IV): excavación arqueológica y consolidación preventiva para la recuperación del claustro del Convento”. Pasaron los meses. El 13 de marzo de 2019 se filtró en prensa el anuncio de la resolución favorable; recuerdo que era miércoles porque estábamos en la cena semanal del Club Gastronómico El Capellán cuando miré el móvil y me saltó el aviso. Solo cuatro proyectos de Castilla-La Mancha habían resultado beneficiarios, y el nuestro como único de la provincia; con el tiempo supe que, además, fue uno de los que mayor puntuación global obtuvo. Al placer del forro asado se le sumaba el gozo de la subvención que ratificaba la satisfacción por el trabajo bien hecho. Quedaban poco más de dos meses para las elecciones municipales y confieso, aquí y ahora, que la posibilidad de ser partícipe de esta excavación arqueológica fue uno de los motivos que decantaron la balanza para optar a la reelección.

La Incertidumbre entre Incógnitas y Burocracia

En las siguientes semanas, la empresa matrimonial ARQOH Arquitectos elaboró el proyecto de excavación con todas las incertidumbres evidentes, ¿cómo saber qué partidas de restauración y consolidación presupuestar si no teníamos ni la más remota idea de si bajo los escombros quedarían indicios del vetusto convento? Por las catas de las fases previas de trabajo se sabía que perduraba el enmorrillado -pavimento de guijarros, en este caso conformando un sobrio mosaico- del claustro aledaño a la iglesia, y casi nos aferrábamos a esa evidencia como única prueba de supervivencia. La historia cuenta que el convento fue quemado y expoliado, así que las expectativas se ajustaban al escepticismo manchego. Tampoco eran demasiado optimistas los funcionarios del Ministerio.

Pasaron los meses con tiras y aflojas administrativos y presupuestarios hasta que recibimos la resolución de aprobación definitiva por parte del Ministerio a finales de año. Nos comimos las uvas tranquilos y presuponiendo que 2020 sería un buen año. Sospecho improcedente alegar, a estas alturas, en contra de nuestro futuro profético. Así, la paralización administrativa provocada por la pandemia retraso la licitación de la obra hasta finales del mes de julio. A principios de agosto se celebró la mesa de contratación para asignar la empresa adjudicataria (Cobe S.L.U.) y el primer día de septiembre arrancaron las obras.

La Sorpresa o los Olvidados de la Historia

Durante estas escasas semanas los avances han sido impactantes, sobre todo para los que, por edad, no tenemos recuerdo de otro paisaje en la zona. De forma paulatina, a medida que avanza el trabajo de las máquinas excavadoras y operarios, la planta del convento ha ido mostrándose con sus estancias, refectorio, patios interiores con pozo y aljibe, sacristía, bóvedas, muros exteriores, etc. Sin duda, los estudios arqueológicos darán más luz cuando el reposo de la excavación lo permita pero, por fortuna, lo visible anticipa ya muchas pistas para la conjetura histórica.

El pensamiento más recurrente, inevitable, es el de comprobar que todo estaba ahí desde hacía tanto tiempo, congelado, aguantando toneladas de escombro que enterraron y, al tiempo, protegieron los restos del convento. Hemos vivido ajenos a una realidad disimulada al acercarnos a comprar el pan o entrar en el colegio, casi enfrente: aunque no se percibiese, todo estaba ahí, mudo. Salvando las distancias, cuando visité Machu Picchu en 2016 me sorprendió que hubiese permanecido desaparecido durante tantos siglos hasta su descubrimiento por parte del explorador estadounidense Hiram Bingham en 1911, ¿cómo podía permanecer una ciudad oculta al afán dominador humano, siquiera en mitad de la selva? Quizá sea más sencillo de entender al comprobar cómo aquí hemos ignorado durante tantas décadas un solar dentro de un pueblo y a sabiendas de que correspondía al convento cuya anexa iglesia sobrevivía en estado ruinoso.

La Historia como Losa de Verdad

Hay que remontarse casi cinco siglos, a 1535, para conocer la génesis del convento. En aquel año pasaron a predicar por Villaescusa de Haro dos frailes dominicos, Fray Pablo de la Cruz y Fray Gaspar Portugués, que, con el beneplácito del pueblo, decidieron quedarse y aspirar a fundar un convento. Debía bullir la villa de vida en ese siglo. El entonces Obispo de Cuenca, el ilustre villaescusero D. Diego Ramírez, otorgó licencia para su fundación el 26 de junio de 1535 y, al año siguiente, el rey Carlos I la ratificó con fecha de 5 de mayo de 1536: “liçençia a los frayles de los predicadores para hedificar un monesterio en Villaescusa de Haro”. Dado que Villaescusa de Haro se encontraba en territorio de la Orden de Santiago, era preceptiva la aprobación del rey para autorizar la construcción de un convento de otra Orden.

Quiso la fortuna que el Obispo D. Sebastián Ramírez de Fuenleal regresase de su periplo por América en aquella época y aportase los medios económicos y el solar para la construcción del convento en su villa natal. El maestro de cantería al mando de la obra fue Francisco de Luna, implicado en numerosas obras conquenses en la primera mitad del s. XVI. Las fuentes históricas narran que el convento se construyó casi íntegramente entre 1542 y 1547, año de fallecimiento del fundador D. Sebastián, cuyos restos deben descansar bajo el presbiterio de la iglesia del convento. Así, en la esplendorosa portada de la iglesia, joya del plateresco castellano, destacan los escudos de los Ramírez de Fuenleal y de la orden dominica.

Tras el fallecimiento de D. Sebastián, su sobrino D. Diego Ramírez Sedeño, Obispo de Pamplona y también nacido villaescusero, contribuyó económicamente para la conclusión de las obras. La iglesia del convento tardó muchos años en concluirse; consta que en 1635 aún no estaba acabada la capilla mayor. Se calificaba entonces al convento como uno de los más grandes y de mejor construcción de la Orden Dominica en España.

La decadencia del convento se fraguó en el s. XIX. Durante la Guerra de la Independencia sirvió de cuartel a las tropas francesas del general Fontayne. Fue abandonado a finales de 1835 como consecuencia de los sucesos políticos (exclaustración) y matanzas de frailes en el país. Al año siguiente sufrió la desamortización de Mendizábal y, posteriormente, fue incendiado, expoliado y abandonado por el Estado, que vendió tanto el solar como los materiales, podría ser que a Eugenia de Montijo en 1858 para la rehabilitación del castillo de Belmonte. En 1868 solo quedaban en pie los muros de la iglesia, es decir, una estampa similar a la del año 2011, en el que se inició la primera intervención de restauración tras la adquisición del inmueble por parte del Ayuntamiento de Villaescusa de Haro a principios del s. XXI siendo alcalde Balbino Millán.

La Esperanza como Satisfacción y Futuro

Con humilde realismo podemos afirmar que esta excavación no supone un hito histórico nacional; sobreviven en perfecto estado montones de monasterios de hace cinco siglos en su propia singularidad, algunos tan apabullantes como el cercano monasterio de Uclés. No estremecerá la perspectiva de los arranques de muros de piedra y tapiales de los dominicos como, por ejemplo, una visita al mosaico figurativo romano de Noheda. Logrará conmover, si acaso, al vecino villaescusero al que han agitado con fruición su realidad visual y que siente como propias las ruinas del entorno.

En el entretanto, seguiremos fascinados los avances de una excavación arqueológica que sorprende, día a día, con hallazgos inesperados. Los primeros días aparecieron más zonas de enmorrillado alrededor del claustro, como las ya identificadas, y se constató que el paseo del claustro no era cuadrado sino en forma de U, con el lateral sur cerrado. La segunda semana ya salió a la luz el refectorio, con un singular banco corrido de yeso alrededor de toda la estancia. El 21 de septiembre se descubrió una losa de piedra labrada con el escudo de los Ramírez de Fuenleal en el propio refectorio; se especuló con que podría ser la mitad de la lápida sepulcral del obispo fundador, si bien pronto se descartó la hipótesis. Y al día siguiente, un silo de más de cinco metros de profundidad que sorprendentemente se encontraba vacío, sin escombro, sin humedad, como esperando grano. El día 23 ya se distinguía claramente un patio cuadrado interior de solado enguijarrado con pozo, aljibe y sistema de desagüe. El viernes 25 de septiembre nos tropezamos con la mitad inferior de la lápida que había aparecido cuatro días antes, un hallazgo que permitirá leer la inscripción perimetral completa y que podría ser del enterramiento de un Alfonsus en 1646, quizá Alfonso Ramírez de Fuenleal; según el Compendio Histórico reseñado como “uno de aquellos varones ilustres de gran entendimiento que hubiera dado mucha gloria a la villa de no haber fallecido a la temprana edad de 18 años”. El 2 de octubre se mostró un colosal capitel por identificar, seguramente sostén de un arco del claustro, que da idea de la magnificencia del convento. Y los muros y escalones van definiendo los límites y divisiones del edificio con nitidez a medida que pasan los días.

Se abren ahora las entrañas del viejo convento y adquiere sentido el paso de la historia por este rincón manchego que fermentó obispos y ahora sufre el deshielo rural. Podemos sentirnos afortunados por vivir una época de notable sensibilidad hacia el cuidado de nuestro patrimonio histórico-artístico, lo que habilita la seducción por desenterrar la planta de un convento que convivía, olvidada e invisible, entre nosotros y, con ello, despertar al s. XXI el modo de vivir y de pensar de un puñado de frailes del s. XVI, como un archivo histórico no de papel sino de piedra y yeso.

P.S. Galería fotográfica de la evolución de las obras, primero de la iglesia desde 2011 hasta 2018 y después de la excavación arqueológica iniciada en septiembre de 2020:

convento dominicos

Fragmentos de un No Saluda

[fragmentos de las palabras del pasado 15 de agosto]

La suspensión de las fiestas patronales ha conllevado la anulación de procesiones, del acto del pregón de fiestas y coronación de la corte de honor, de los fuegos artificiales que simbolizan el inicio de las fiestas, de comidas y aperitivos populares, de actos deportivos, culturales y solidarios, y de muchos otros eventos que todos los meses de agosto dan vida a nuestro pueblo.

Hemos vivido una etapa de aislamiento y distanciamiento que ha desembocado en estos días de denso vacío, de extraña incertidumbre y sentimientos en tensión. Como si ayer no fuese catorce de agosto ni hoy quince, una realidad que cada persona siente y vive de forma única en su propia singularidad.

Porque, a pesar de todo, sentimos la necesidad de creer, de creer en nuestra fiesta, en nuestra convivencia, en nuestro futuro. Anoche un grupo de gente joven lo significó a la perfección prendiendo una batería improvisada de fuegos artificiales seguida de vítores a la Virgen y al pueblo que los une todos los veranos. Quisieron simbolizar el inicio de las fiestas antes de lanzarse a celebrar con ímpetu y entre amigos lo que merecen. No se puede leer como un gesto romántico vacuo sino como una íntima necesidad colectiva.

Que ahora al terminar la misa no haya invitación popular al vino de honor no significa que no debamos salir a tomarlo con familia y amigos, más bien al contrario, debemos compartir -con prudencia- la alegría de la celebración.

Por último, se recuerda que conservar la calma en mitad de una epidemia es un acto de civismo; el verdadero coraje significa pensar en los demás, sabiendo que todos compartimos la misma fragilidad y necesitamos al prójimo. Seamos conscientes de las consecuencias de nuestras decisiones y nuestros actos, nuestra libertad requiere nuestra responsabilidad individual.

Oropéndola DJ en La Pesquera Tonight


Oropéndola vista en este rincón.

Si me das a elegir
entre tú y mis ideas,
que yo sin ellas
soy un hombre perdido, ay amor,
me quedo contigo.

[Me quedo contigo, Los Chunguitos]

Ver una oropéndola en la pesquera llama tanto la atención como ver un payaso en un funeral. Espléndidas oropéndolas de color amarillo chillón revolviéndose entre chopos viejos de ramas secas en un entorno áspero y ocre bajo el sol impío del verano manchego. Vuelan por la pesquera ajenas a la realidad e ignorando que este atípico verano es de duelo y de miedo y que tendrían que cobijar su pecho brillante bajo sus discretas alas negras y cambiar su canto de merengue a gregoriano. Y, sin embargo, han nacido para brillar y destacar entre nuestra mediocridad, y gracias que la evolución les ha enseñado a mostrarse esquivas a la vista de los depredadores. La vida misma.

Tal y como está el patio del circo lo raro es que no se le haya ocurrido a algún iluminado independentista reclamar el fastuoso amarillo de la oropéndola como patrimonio de sus ansias políticas. Si nos dan a elegir entre una oropéndola y Puigdemont la disyuntiva se decanta en un instante: la belleza innata versus la psicopatía fanática. No exagero: hace miles de meses, en marzo, ya hubo pataleta entre simpatizantes de ERC porque el Gobierno de España había rotulado el lema contra el coronavirus (“Este virus lo paramos unidos”) en amarillo y negro, colores oropéndola, y para más inquina con la palabra “virus” en amarillo. Tuvo que salir un señor serio y enjuto a justificar el uso de los colores recurriendo a la convención internacional y alegando que una bandera amarilla y negra en una embarcación ha significado históricamente “barco en cuarentena”. Si pensáis que Cataluña es algo así como un barco en cuarentena es cosa vuestra.

Este virus lo paramos unidos. Hemos apuntalado el aspecto cromático del lema pero me daría pavor afrontar el enfoque semántico. Qué paradigmática esa reivindicación de “pararlo unidos” como si se tratase de una batalla de braveheart en la que tuviésemos que combatir hombro con hombro; no respetamos la distancia de seguridad interpersonal ni en las consignas. Tuvieron ese mínimo pudor de no definirlo como “Unidas Podemos parar el virus”. Más desafortunado, si cabe, fue el eslogan gubernamental de finales de mayo: “Salimos más fuertes”. Pensé que era una broma; aunque en las escuelas de publicidad enseñen a usar la herramienta del shock para campañas exitosas, en este caso atacaban a puñal nuestra inteligencia más básica: ni hemos salido, ni somos más después de tantos fallecimientos, y mucho menos más fuertes vista la coyuntura política, económica y social que nos toca afrontar.

Cuesta adivinar qué historia estamos pintando. Parece evidente que no la de los hechos sino la del relato guiado, la versión edulcorada y moralista de una realidad despiadada, aunque parece difícil intuir cómo se evaluarán estos tiempos con el transcurrir de las décadas. Quisiera ser pesimista pero esta noche habrá concierto de Oropéndola DJ al fresco y ofreceremos toda nuestra energía para que los djs sigan mostrándose como un oasis de vitalidad en este desierto de desidia.

Abubilla Atropellada


Biodiversidad: tordos y antenas.

Los que no participan de las injusticias,
no miran a otro lado.
Los que no se acomodan,
los que riegan siempre su raíz.

[Girasoles, Rozalén]

A la vuelta de Briones nos acompañó la abubilla revoloteando entre las carrascas de las lindes. A tus impacientes llamadas ella contestaba con su u-pu-pu u-pu-pu mientras atravesábamos raudos y prisa-prisa con la bici eña el camino repleto de “margaritas metepatas” que sembraron a conciencia tus tíos antes del encierro y que ahora florecen entre las rodaduras de tierra. Distingues los pinos de las carrascas, señalas el cereal granado diciendo “cerveza, pan, galletas, espaguetis” y las cepas de las viñas identificando “uvas y vino para papá”. Nunca cazas con la vista los lagartos ocelados que atraviesan las pistas porque andas con la mirada perdida calculando los huevos de las gallinas que cogiste ayer y soñamos con ver juntos un jabalí huidizo o un elegante corzo que, de momento, nos son esquivos. Se supone que el pueblo está hecho a la medida del hombre y la ciudad a la medida del producto, del número, detalle que ignoramos porque no necesitamos etiquetar ni, por supuesto, desdeñar diferencias más allá de bendecir la posibilidad de elección. Para qué preocuparnos por intangibles pudiendo centrarnos en que Sesar nos traiga un árbol de piruletas de chocolate de Tarancón y plantarlo en la parcela de los pinos y que agarre bien y tener, de cara al otoño, buena cosecha de piruletas de chocolate.

El mundo es cada vez más piramidal y más líquido y más frágil, menos atractivo. Y mientras miserablemente se están los otros abrazando con sed insacïable del peligroso mando, tendidos a la sombra estemos cantando y merendando sandía con fanta de río. Ahora ya es tarde, demasiadas carencias en filosofía para aprender a pensar y demasiadas carencias en matemáticas para aprender a investigar. Demasiados escrúpulos para profesionalizar la instigación y demasiados frentes abiertos para abordar el objetivo de guerra a pecho descubierto.

El viernes en la carretera detecté una abubilla atropellada en el asfalto, supongo que no era la que nos acompañó en nuestro paseo en bici.

Un diente de ajo en el almirez


San Camilo 1936, by Camilo José Cela.

Distanciamiento Social Rural


Ovejas pastando en el Geliberte || Arteria de Madrid el 1 de abril.

Las noches te acercan
y enredas el aire,
mis labios se secan
e intento besarte,
qué fría es la cera
de un beso de nadie.

[De Alguna Manera, Luis Eduardo Aute]

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, catalán y filósofo aunque ambos adjetivos no aporten nada, declara que tenemos que pasar de la actual “fase de distanciamiento social” a una “fase de transición”. Intuyo que a partir del próximo 12 de abril, domingo de Resurrección, el Gobierno irá levantando prohibiciones de forma paulatina y con cuentagotas para no dar pasos en falso en la inevitable convivencia controlada con el coronavirus que tendremos que afrontar temerosamente en los próximos meses. Me gustaría esperar de forma interesada que, entre las primeras gotas, además de permitir la actividad laboral más allá de la esencial, se autorice salir a la calle con los niños y hacer deporte individual al aire libre para ventilar por la primaveral meseta los oscuros humos mentales atascados. La intuición me susurra que lo del deporte no lo van a contemplar.

Me retumban esas palabras del ministro: fase de distanciamiento social. Qué significado tiene el concepto “distanciamiento social” en las zonas rurales de la España vacía, en comarcas como nuestro Señorío de Haro, donde supuestamente (INE) habitamos 940 personas (470, 248, 165, 111 y 46 vecinos) divididas en 5 municipios y 234 kilómetros cuadrados. Nos corresponde un kilómetro cuadrado cada cuatro vecinos o, lo que es lo mismo, cada ciudadano puede desenvolverse en un recinto cuadrado de 500 metros de lado sin quebrar el “distanciamiento social” individual (casi 50 campos de fútbol para cada vecino, que es la unidad de medida más entendible para muchos). Despojando a la reflexión de cualquier atisbo de frívola intención singular, qué paradójico suena ese concepto nacido en el mundo urbano cuando lo aplicamos a pueblos en los que no se invade la distancia mínima ni siquiera en el bar cualquier día entre semana.

Nadie debe osar cuestionar las decisiones que están decretando con el objetivo de minimizar el impacto de la expansión del virus, máxime cuando en situaciones de radical estrés no se pueden plantear escenarios de incertidumbre. Así, debe quedar claro que no circula por la vía de la reivindicación rural este comentario, sino por la vía del retrato social de un tiempo imprevisto en cualquier rincón del mundo.

Y el retrato del pueblo se dibuja a sí mismo con pasmosa naturalidad enmarcado en el contexto de confinamiento generalizado. El cereal sigue creciendo en el campo y los agricultores trabajando para que los demás podamos comer, ya casi olvidadas sus reivindicaciones de precios justos que alcanzaron su punto álgido coincidiendo con el incremento de contagios, ya es mala suerte que se apaguen así tus exigencias más básicas. Las ovejas siguen dando leche que se distribuye para garantizar el abastecimiento de lácteos en el mercado, y los corderos y los pollos de por aquí también se mantienen en la rueda de la alimentación. Tiendas, panaderías, carnicería, estanco y farmacia siguen suministrando los productos que necesitamos para sobrevivir con el inconveniente añadido para los regentes de los negocios de tener que asumir medidas de prevención incómodas y afanarse con obsesión en la limpieza y desinfección. La médica sigue pasando revista al estado de salud de los vecinos y el cura acomodándose a su labor espiritual y social a distancia desde la esquina de la iglesia. La guardia civil mantiene el orden y el cumplimiento de la normativa aspirando a no tener que actuar, el banquero sigue abierto al público para que los vecinos puedan cobrar “su paga”. Unas tuberías siguen abasteciendo de agua a las viviendas y otras retirando los sobrantes para, más abajo, que la depuradora los filtre y mande el agua limpia al arroyo. Las gallinas siguen puntuales con su huevo diario y las golondrinas ya regresan a pasar la primavera. Las auxiliares de ayuda a domicilio, en la brecha incluso en condiciones precarias, ayudando a los mayores que lo necesitan para que sigan manteniendo una vida digna, y el camión de la basura pasando puntual para seguir retirando nuestros residuos domésticos.

Sería inmoral catalogar la situación como dentro de la normalidad pero sí se puede entender que la brecha entre la vida cotidiana y la vida confinada es mucho menor en las zonas rurales. Si no fuese por los bares cerrados y la afluencia de mascarillas podríamos simplemente intuir que pasaba algo raro, sin más. Y, sin embargo, la realidad es la contraria, la percepción de orden natural disimula los dramas individuales de cada hogar y el temor a ese enemigo diminuto e invisible que puede ser fatal en convivencia con vecinos de tan alta edad.

Colonavilus o cuando dejamos de ser dioses


Quise un aislamiento de 90 kilómetros cuadrados.

Voy a liberarme
voy a dejar de odiarte
voy a pensar que la culpa no fue tuya y perdonarte.
Voy a prender fuego
a todos los recuerdos,
voy a matar los demonios que se enredan en mi pelo.

[Reina, Miss Caffeina]

Inescrutables son los designios del Señor, y también las sendas entre el pasto que abre nuestra mente en la noche oscura de la pandemia canalla, sendas de miedo y de desprecio y de pornografía y de banalidad y de oración y de resquemor, cada mente un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento, Baudelaire dixit. No quiero escribir, no quiero conscientemente abrir la senda de la expresión, de rodar de la confusión mental hacia la materialización concreta del temor, porque no quiero correr el riesgo de que me acusen de fútil tertuliano ni de mostrar la más mínima mota de frivolidad. La idea de barro que hoy se seque puede quebrarse en mil pedazos en cualquier momento, la fragilidad del presente es la vorágine del contagio y, en el instante inesperado, todo quedará sepultado bajo el peso de un fallecido cercano.

La misión de un alcalde se reduce a dos mandamientos de dos palabras: escuchar gente y dar soluciones, y ahí no caben ni lo poético ni lo pusilánime ni, mucho menos, priorizar los fantasmas propios a los ajenos. Y, sin embargo, la gesta épica que la Historia nos ha reservado a los inútiles es que la mayor contribución que podamos hacer por el mundo, por la humanidad y por el futuro sea dar patadas a un rollo de papel higiénico en casa. La paradoja del ocio como antídoto contra el Apocalipsis. Si esto fuese una guerra, que no lo es, sería la primera vez que una batalla se combate con amor al prójimo, que el alejamiento no es signo de huida y que el arma más letal es respirar.

En el verano de 1665, Isaac Newton también sufrió un confinamiento debido a una pandemia provocada por la peste. Ahí cayó una manzana sobre su cabeza que le sirvió para fundar la ciencia moderna, la gravedad y sus leyes físicas y esas cosas. Los indicios parecen señalar como cierta la famosa leyenda. ¿Cómo puede la creatividad abrirse paso en un aislamiento? ¿No se puede tildar de inhumana esa capacidad de abstracción ante la catástrofe circundante? Algunos no somos capaces de saltar más allá de la redacción de un tuit, impotente entre la avalancha de información e incertidumbre, incapaz de retomar el estudio crítico sobre despoblación. En esta coyuntura, más allá de a) trabajar desde el ayuntamiento para minimizar la probabilidad de contagio local y b) rezar para mantener la impunidad del pueblo, tan solo me he hecho un propósito, un propósito de justicia: no llamar “pájaro” a cualquier ave.

El sábado 14 de marzo, unas horas antes del decreto de estado de alarma, salí por última vez en bicicleta, ignorando que al día siguiente estaría prohibido; quise publicar una foto de la sierra solitaria con título “confinado en 90 kilómetros cuadrados”, presumir de españa vaciada en aislamiento nacional, acerté al no hacerlo. Era una mañana limpia, serena y templada, de marzo verdoso y cielo despejado, de las que purifican cuerpo y mente. Se sentía el protagonismo de los “pájaros”, únicos sonido y movimiento en la soledad del campo, como si ya se supiesen más libres. Casi en lo alto de la parte sur de la Sierra de la Villa planeaba bajo un águila, ignoro si perdicera o real, e incluso si era un águila o un ejemplar de una especie parecida. Me avergoncé de mi analfabetismo rapaz y consideré entonces de justicia aprender unas nociones básicas de ornitología. No fueron creados el abejaruco y el vencejo tan diferentes para que los llamemos igual.

- ¡Ay, cómo vais a acabar los poetas!
- Emparedados por los utilitaristas en el muro de la Verdad.

Nada va a cambiar. No vamos a ser mejores. Una conciencia social, una moral comunitaria, se cuece a fuego lento durante décadas y no se gratina ni con el fogonazo más dramático. Algunos licuarán conclusiones sobre su modo de vida y se propondrán otros hábitos y reorganizarán sus prioridades, no creo ni que sean muchos ni que sean significativos. Quiero equivocarme hasta el fondo, y no pensar en ese mañana irreal de entrar en el bar con miedo a que haya alguien cerca, de sentirte culpable por dar dos besos de reencuentro, de creer que infringes una norma que se ha evaporado.

Y mientras, los partidos que gobiernan imparten una lección magistral de desgobierno, de falsedad y de ineficacia. Me acuerdo de Pedro Sánchez, de Page, de Iglesias. Obcecados con la imposición del relato positivo oficialista mientras descuidan lo más relevante, la gestión de la crisis sanitaria. Imperativos en su discurso de unión y lealtad institucional cuando no descuidan un segundo para seguir haciendo política bananera. Salid y confesad, pedid disculpas mientras manifestáis vuestra disposición a trabajar sin descanso y de forma ordenada, entenderemos que os desespere una situación crítica para la que no se podía estar preparado, nadie envidia vuestra posición, pero no endulcéis la realidad de carencias de material y saturación de hospitales ni vengáis con discursitos que no nos creemos. Las reglas del juego han cambiado. Lástima que las virtudes de vuestra genética no contemplen este escenario porque estáis hechos de gestos y no de soluciones, profesionales en propaganda y en eludir responsabilidades. Llevo la cuenta de las declaraciones y resoluciones vergonzantes de estos días y se va a terminar el cuaderno. Toda realidad ignorada prepara su venganza, avisó Ortega.

Mi miedo son todos tus miedos. Tu llanto inesperado ante un videoclip de una playa, temor inexplicable ante un espacio abierto y desconocido, pánico a que Xoel pare de correr sin haber encontrado a Yiyi y Baba. Qué entiendes que yo no entienda que entiendas, que en tu mundo de negros amarillos y rojos azules puedan caber miedos invisibles, que de tirar la basura riendo y corriendo y “yo ver, Yiyi sí” pasemos a una temerosa odisea muda de ir fuertemente agarrados de la mano y apretar el paso a la vuelta hasta la puerta, qué luminoso sentimiento te alumbra cuando abres el cofre y sacas la llave con la que sabes que abrirás, soñamos que pronto, la puerta a los que quieres, cómo coño sabes querer con dos años. No hemos sido capaces de adaptar nuestro mundo a tu medida, has sido tú el que has adaptado tu mundo a nuestra medida. Y lo has llenado de chocolate y jamón york. Y cuando esto termine iremos al Saga a comernos el plato de patatas más grande de la vía láctea.

¿Preferiría no hacerlo?

Bartleby, el escribiente, solía repetir su célebre frase “preferiría no hacerlo” (“I would prefer not to”) ante cualquier petición u orden. Y así se le pasaba la vida al discreto escribiente del bufete de un prestigioso abogado en el relato de Herman Melville.

Nosotros, casi sin ser conscientes, seguiremos gobernando Villaescusa de Haro durante otros cuatro años gracias a la ratificación de los votantes que han vuelto a depositar su confianza en nosotros. En un contexto político y social como el actual quizá nos sintamos con más fuerza los antagonistas del humilde Bartleby porque “preferimos hacerlo“.

El próximo 15 de junio volveremos a tomar posesión para seguir haciendo.

P.S. Mientras, me disculpo ante los miles de lectores de este blog por su escasa vida. Quizá digan mucho de mí las entradas no publicadas.

La Revuelta de la España Vaciada

Soria Ya
La Revuelta de la España Vaciada (31 de marzo de 2019)

Colgado de un barranco
duerme mi pueblo blanco,
bajo un cielo que, a fuerza
de no ver nunca el mar
se olvidó de llorar.
Por sus callejas de polvo y piedra
por no pasar, ni pasó la guerra,
solo el olvido.

[Pueblo Blanco, Joan Manuel Serrat]

Este pasado domingo estuvimos en “La Revuelta de la España Vaciada”, la manifestación promovida por diferentes asociaciones en defensa de la vida de los pueblos del país y en contra de las políticas que han provocado el vaciamiento de gran parte del interior y la polarización poblacional.

Los propios organizadores pidieron -con criterio- a los partidos políticos que se mantuviesen al margen y que, si asistían representantes, fuesen discretos en su participación. Hubo marabunta de sorianos y turolenses (tuvieron que dejar sus provincias “vacías”, ja, ja, ja, perdón), pero llamaba la atención la escasa presencia conquense. Quizá signo de nuestro carácter.

Con mi hijo a hombros, pequeño Robinson de la infancia villaescusera, confieso que me emocioné con la estruendosa “rompida de la hora” de los tambores del Bajo Aragón tras un respetado minuto de silencio antes del inicio de la marcha. Las pancartas y consignas eran muy variadas pero subyacía en todas el amor al pueblo, el patriotismo del corazón, la indignación e impotencia por vivir en primera persona el ocaso de tantos rincones únicos. No le deseo ni a mi peor rival político la amargura de cerrar un colegio.

En el fondo creo que no somos tan ilusos como para diagnosticar a la ligera los problemas y soluciones de ese fantasma gigantesco al que llamamos Despoblación. Algunos políticos sí pecan de esa valoración superflua y se atreven a vender una bajada de IRPF (Albert Rivera), flexibilizar la burocracia para crear empresas (Paco Núñez) o a proponer una Renta Rural de Repoblación (Pablo Iglesias) como un maná vaporoso. Pdro Snchz va todavía más allá y se lanza, en su línea carente de escrúpulos, a promocionar desde su posición de poder una Estrategia Nacional para el Reto Demográfico que pierde toda su fuerza después del título.

Conscientes de la relevancia del asunto, se reclama un pacto de Estado, al que ya apellidan como pacto de Teruel, en el que se acuerden compromisos políticos firmes que ayuden a mantener la llama viva. En el entretanto, muchos municipios se juegan literalmente la vida, su viabilidad de futuro, e incluso de presente en comarcas como los Montes Universales.

Espero que, al menos, el acto del domingo vaya horadando la conciencia pública en dos vertientes profundas a medio plazo: por un lado, en la necesidad de incorporar la perspectiva rural como se hace con la perspectiva de género en las decisiones políticas y económicas y, por otro lado, en la necesidad de hacer atractiva la perspectiva de vivir en un pueblo y no pensar que se debe repoblar a la fuerza (pecado político de primero de primaria del mundo rural).

Hay tanto país en cada rincón de la meseta.

Los desvelos de un diputado catalán

No puede dejar de fascinarme que entre las preocupaciones del diputado Gabriel Rufián figure Villaescusa de Haro y su relación con el Regimiento de Infantería Saboya n.º 6 (hermanamiento que, precisamente, este año 2019 celebra su cincuenta aniversario). Resulta sorprendente que al diputado le preocupe la relación entre un pequeño pueblo conquense y el regimiento pacense cuando su única pretensión política radica en un asunto tan antagónico como la independencia de Cataluña. Y si le preocupamos castellano-manchegos y extremeños más le valdría priorizar asuntos como la severa despoblación que sufrimos en la provincia de Cuenca o las deficientes infraestructuras ferroviarias de Badajoz.

He de confesar que me irrita tener que citar el nombre y apropiado apellido del portavoz de ERC por su afán wildeano de publicidad polémica y caza del titular tabernario, pero en este caso se antoja inevitable. Rufián forma parte de ese grupo de políticos tuiteros que podríamos calificar como “profesionales de la descontextualización” en tanto en cuanto poseen el don de vincular conceptos asimétricos y despojarlos de cualquier atisbo de contexto con el canalla fin de derivar reacciones tendenciosas y demagogas.

Y precisamente con esa misión, la de favorecer la contextualización de sus interrogantes, desde estas líneas invito a Gabriel Rufián a las fiestas patronales en honor al Santísimo Cristo de la Expiración de Villaescusa de Haro el próximo septiembre para que conozca de primera mano la relación humana que vincula a nuestro municipio con el citado regimiento. Y, por supuesto, que aprovechando la visita interrogue a los vecinos acerca de qué opinión les merece el hermanamiento, la actitud del Ayuntamiento al respecto y la transparencia con que se desglosan costes en el libro de fiestas anual.

Resulta llamativa, no obstante, la precisión de las cuestiones que planteó al Gobierno el pasado 25 de octubre. Desconozco si su fuente informativa proviene de algún vecino del municipio que aprovecha la coyuntura por interés político, en cuyo caso preferiría que cuestionase públicamente la amistad que liga al pueblo con el Regimiento Saboya y no a través de políticos oportunistas. Efectivamente el precio del menú de la comida de hermandad es de 38 € como dice Rufián, coste que abona de forma individual y sin excepción cada vecino, desde el alcalde hasta la médico o el párroco y desde el herrero hasta la agricultora o el electricista.

Sin embargo, demuestra desconocimiento de la realidad cuando hace referencia a la nomenclatura de la Plaza del Caudillo dado que se aprobó por unanimidad el cambio de denominación a Plaza de la Villeta en pleno celebrado el 28 de septiembre de 2017. Con independencia del origen de su imprecisa información, qué preocupante resulta que algunos políticos prioricen, desde su poltrona en el Congreso de los Diputados, este tipo de debates a los problemas reales que sufre España. Como ese senador de Compromís, Carles Mulet, que remitió solicitud al Ayuntamiento reivindicando el cambio de nomenclatura de la Plaza del Regimiento Saboya nº6 porque “fue el regimiento que ocupó el pueblo una vez finalizada la guerra civil”. Ese es el nivel de responsabilidad y rigor histórico de algunos aventurados.

Para terminar, y con el objetivo de apaciguar los desvelos nocturnos de Rufián, le informo que el viaje al que hace referencia de cuarenta vecinos a Badajoz tuvo un coste para el Ayuntamiento de Villaescusa de Haro de 550 €, cantidad inferior a su salario público estatal de tres días.

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