Alemania es una Hauptbanhof.
Suena a insulto, pero simplemente se trata del término con el que designan a las estaciones de trenes principales de cada ciudad. La primera imagen que me viene a la mente cuando pienso en Alemania es la de una larga hilera de vías de tren, montones de amasijos de hierro perfectamente alineados en paralelo, lo que se ve cada vez que te acercas a una Hauptbanhof y el tren decelera. Y ahí desembocan los trenes, en las estaciones principales, tan imponentes, generalmente espacios abiertos con grandes bóvedas, como catedrales de la globalización y la ubicuidad. Es denso el trasiego de personas de todas las edades, desde adolescentes que comen brezeln o berliner hasta personas mayores con zapatillas de deporte y pantalones de chándal pasando por serios ejecutivos que toman el tren y no los taxis o coches oficiales. Y denso es también el olor de las estaciones y andenes y vagones, debido a la familiaridad con que comen los alemanes fuera de casa y el olor de su comida, tan especiada. Da la sensación de que no haya ningún alemán fuera del tren y que todos hagan visitas a familiares o trabajen o estudien en ciudades diferentes. Lo malo es que te abroncan si hablas por el teléfono en el vagón, no les gusta que interrumpas el sonido de los raíles. Es curioso, como anécdota, que he visto más trenes de alta velocidad con retraso que regionales, como si Deutsche Bahn quisiese atenuar las injusticias que sufre la plebe con un pequeño detalle de favoritismo o como si fuese consciente de que los trayectos en regionales son más relevantes para el engranaje germano.

Schweinsteiger es una Hauptbanhof.
Suena a insulto, pero Schweinsteiger es algo así como una Hauptbanhof, un conglomerado de hierro forjado en las canteras bávaras, donde no se aprender a gambetear, sino a atornillar, soldar y tomar consciencia de la industria de cadenas de montaje de logística casi mística. Schweinsteiger es como un nudo ferroviario en el que se concentra el germen del fútbol aleman actual, origen de todos los trenes con destino la portería rival. Una estación que reparte justicia con los viajeros, agilidad de transbordo e incansables labores de distribución. Cuando sus compañeros lo encuentran, sienten el alivio del viajero cuando divisa la alta bóveda de una Hauptbanhof, saben que estéticamente podría ser más estética y atractiva pero difícilmente más funcional y sosegante.
Esperemos que mañana todos los trenes lleguen con retraso.
The Wire: 10 dosis de la mejor serie de la televisión es el título de un libro publicado recientemente -mayo 2010- por Errata Naturae como homenaje a la mejor serie de la televisión de todos los tiempos [¿no?]. Incluye, como material interesante, una entrevista de Nick Hornby a David Simon, alma mater de la serie, y un relato inédito de George Pelecanos, escritor norteamericano y guionista de la serie. Además, se desgranan los entresijos de The Wire en siete capítulos escritos a modo de artículos de divulgación.
Supongo que no es necesario que reitere mi pasión por esta serie y que resultaría muy divertido y sencillo escribir otro de esos artículos de divulgación, pero sería imposible centrarse en un tema, en un personaje, en una escena o en un hilo argumental; habría demasiada tela que cortar.
Se trata de un libro interesante pero que no llega a ser imprescindible y que se torna por momentos excesivamente académico y gafapastoso, como si necesitásemos explicar y reflexionar con argumentos trascendentes acerca de una serie que se siente desde la espina dorsal.
Sin embargo, alguno de los comentarios de David Simon son realmente clarividentes: “la pauta que sigo para intentar ser verosímil es muy sencilla: el lector medio, que se joda. A lo largo de mi carrera como periodista, siempre me dijeron que tenía que escribir pensando en el lector medio. El lector medio, tal y como ellos lo entendía, era un suscriptor blanco, acomodado, con-dos-hijos-coma-y-algo y tres-coches-coma-y-algo, un perro y un gato, más lo consabidos aparejos de jardín; una persona ignorante que necesita que se lo expliquen todo, ya mismo. Así, tu exposición se convierte en un peso increíble, en un auténtico peñazo. Que le jodan. Que le jodan pero bien. Desde hace tiempo decidí escribir para gente que vive lo que cuentas, para gente de ese mismo mundo, del mundo marginado.”
El mundo va por un lado. Y la gente, por otro.
Poot, The Wire.

¡AVISO! A continuación relato a vuelapluma las andanzas y personalidad de un personaje de la serie norteamericana The Wire; creo que no contiene ningún spoiler, pero por si acaso y sabiendo que hay gente muy susceptible a conocer partes del guión, lo aviso.
Dukie, tuviste mala suerte, sí, fuiste muy desafortunado, para qué engañarnos. No podría valorarte omitiendo tu pasado. Resultaría imposible emitir un juicio de valor acerca de tu comportamiento silenciando las circunstancias que han rodeado toda tu vida. Me inspiraste compasión cuando te conocí, tan indefenso ante tus compañeros, tan maltratado. Tu arsenal de recursos era diferente al del resto y, en ese mundo, estabas en desventaja. Así, te obligaron a nadar a contracorriente.
Eras demasiado inocente para un mundo de mayores que giraba con el impulso de motores deleznables, pero me alegré enormemente viendo la suerte que tuviste en clase de matemáticas, te vi feliz por primera vez, integrado, admirado incluso. Descubriste que existen personas que se rigen por valores más nobles y que, quizá de forma ignorante, luchan por el bienestar del prójimo. También me satisfizo ver cómo lograste cobijarte bajo el ala de un ave de altas miras y sentirte así protegido. Te viste rodeado de un mundo sucio e inmoral pero intentaste mantener tu integridad, quizá es por eso que te tenía alta estima.
Y, sin embargo, al final, me fallaste. No te lo reprocho; más aún, reflexionando acerca de tu condición sentí una impotencia y una tristeza infinitas. Porque sé que luchaste contra tu destino, que intentaste enderezar un rumbo demasiado poderoso, pero a pesar de todos los esfuerzos, sucumbiste.
Al final, me hiciste llorar.
Queda fuera de duda el auge de las series de televisión en los últimos tiempos. Con Lost, 24, Heroes y similares son muchos los que dejan de lado el cine para acercarse a un género atractivo, entretenido e intrigante. Crecen como la espuma los críticos que afirman que tal o cual serie está un peldaño por encima que cualquier película actual. Y, sobre todo, la rentabilidad de las series de televisión está asegurada a través de contratos publicitarios y venta en DVD; sin embargo, una película puede considerarse más un cara o cruz.
En realidad, yo no me he acercado a esa larga lista de series de televisión de éxito salvo para pasar buenos ratos con comedias como The Office -serie que más que comedia podría ser calificada como el drama de la vergüenza ajena-, How I met your mother -o como repetir Friends unos años después- y The Big Bang Theory -hilarante y fresca convivencia de jóvenes científicos físicos.
Sin embargo, y de casualidad, me tropecé con The Wire.

The Wire es otra historia. Producida por la HBO, como Los Soprano y A dos metros bajo tierra, describe los entresijos del narcotráfico en la ciudad norteamericana de Baltimore. A través de un extenso reparto que incluye policías, detectives, políticos, periodistas, abogados, jueces, traficantes, psicópatas, drogadictos, etc… dibuja el fresco de la corrupción asociada al mundo de las drogas. En The Wire no se intenta ensalzar a los buenos como tampoco se juzga a los malos; simple y llanamente porque ni unos ni otros tienen papeles perfectos. Cada personaje, y es ahí donde radica su fortaleza, tiene sus virtudes y sus defectos; podemos sentir empatía por uno de ellos y al poco tiempo vislumbrar sus sombras como también podemos prejuzgar de forma negativa a un narco poco antes de detectar su humanidad. Los personajes son humanos, muy lejos de los intérpretes mitológicos de otras películas, y por eso yerran a menudo, se alegran con sus éxitos y sufren sus fracasos.
Cada temporada es una historia concreta, un caso a resolver. Sin embargo, cada capítulo tiene entidad por sí mismo y, cuando aparecen los créditos, a uno le queda una extraña sensación de vacío en el estómago, no en la cabeza. Como el vértigo de intuir que lo se cuenta es real, tan crudo, tan triste. Además, la serie está cargada de escenas memorables; sin ir más lejos, en el primer capítulo se observa una de las secuencias más realistas jamás filmada de dos yonquis recién alimentados.
Véanla.
- ¿Has visto El Padrino? Supongo que sí, pero quién sabe, todavía queda gente que se resiste, allá ellos. Pues el otro día estuve revisitándola, que hacía como dos años que no la veía. La primera vez que la vi me pareció magistral, qué pureza, qué ambientación, qué elegancia; todas y cada una de las escenas están llenas de significado y son chocantes, imprevisibles y exquisitamente cuidadas. Cada reproche y cada disparo son de una perfección tal que casi corren el riesgo de perder su dramatismo, como si a uno no le importase morir de una forma tan límpia.
- Sí, la verdad es que tienes razón, pero no me gustaría morir acribillado.
- Bueno, pues el caso es que esta vez he visto la peli de una forma diferente, intentando observar, no el comportamiento concreto de cada personaje, sino los motivos vitales de cada uno; centrándome en los proyectos de vida de cada personaje, vamos. Y, la verdad, me ha llamado la atención constatar que El Padrino es una película de mujeres. Vale, puede parecer mentira, porque casi todos los intérpretes son masculinos: Don Vito, Michael, Luca Brasi, Fredo, Tom Hagen, Tattaglia, Clemenza, etc. Sin embargo, sus actos están encaminados a la mujer. La esposa de Don Vito es más importante y respetable que él mismo; por mucha solemnidad que Marlon Brando diese a su personaje, Carmella era la mamma, la directriz, la piedra fundamental de la familia. Y la familia, para todos, era algo más trascendente que ellos mismos: porque un hombre que no vive con su familia no puede ser un hombre, que decía Don Vito. Y luego repite: nunca te pongas del lado de nadie que vaya contra la familia. Sin el mástil femenino, la lucha y las venganzas pierden todo el norte porque, al fin y al cabo, cada acción es una subordinación a la mujer. Y un ensalzamiento, claro. Me parece maravilloso, ¿eh?
- Sí, no me había fijado, la verdad, luego comprobaré si es cierto. Me recuerda a Sándor Márai, que en uno de sus libros escribió una frase que me pareció tremendamente significativa: a veces ella, cuando tenía miedo, decía descarada y desafiante: sólo soy una mujer… Como si uno dijera: sólo soy el Niágara.
10-June-2009
1:43 pm
cine
Como ya dije en su día, no tiene mucho sentido jugar a adivinar citas o frases célebres teniendo la barra de Mr. Google en el navegador web; sin embargo, y para los honestos, propongo un jueguecillo de frases de películas. Sé que algunas son de películas poco conocidas o de situaciones confusas, pero son graciosas o reflexivas… ¡Suerte!
1. “El pan no se hace con paciencia, se hace con trigo, señor”.
2. “Si tienes dinero, tienes poder; si tienes poder, tienes chicas”.
3. “Ríe y todos reirán contigo; llora y llorarás solo”.
4. “Eso de amor no es más que una palabra bonita que a cambio de una sombra de felicidad te proporciona toda suerte de engaños, mentiras y falsedades, amen de muy graves disculpas. El amor es la más negra peste, y si se muriese de amor, menos mal, pero de eso se cura uno. Muy de tarde en tarde muere de amor una pareja de idiotas. Si todo es imperfecto en este mundo imperfecto, el amor es lo más perfecto de todo, precisamente por su perfecta imperfección”.
5. “Soy un don Nadie y tengo que vivir el resto de mi vida como un gilipollas”.
6. “He visto naves ardiendo más allá de Orión, he visto rayos C brillando en las puertas de Tanhassen, he visto tantas cosas que no creerías; pero estos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia”.
7. “Tiene un gran talento, y con intelecto taaan grande tiendes a crear tu propio universo moral”.
8. “Es un buen padre de familia, y eso es lo máximo a lo que puede aspirar un hombre”.
9. “Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor; que me diga que hay más vida que la que puedo abarcar; que me recuerde la urgencia de actuar”.
10. “Escribir surge de un gran dolor interno. Tal vez provenga de descubrir que uno está en la obligación de ayudar a los otros seres humanos a aliviar su sufrimiento. No creo que ninguna gran obra sea posible sin este dolor”.
11. “Murió como los bombones de licor: relleno de alcohol”.
12. “Mujer ya encontraré otra; pero yegua como esa, ¿dónde voy a encontrar otra?”.
13. “Te había elegido a ti, no porque te viese más listo que los demás, sino un poco menos tonto; pero veo que me he equivocado: no eres más listo, sino sólo un poco más vago”.
14. “Estoy muerta, pero me incomoda no poder dormir”.
15. “No sólo es necesario tener talento, también hay que tener carácter”.
16. “Lo que no te mata, te hace diferente”.
P.S. Si el jurado detecta que los lectores no son capaces de descifrar las películas, ya se irán dando las pistas pertinentes…

Eres un jodido hijo de puta, ¡rendirte tan pronto! Dejar un mundo que intenta amoldarse a tus deseos -no siempre dentro del cerco de la razón- sin ni siquiera tener la sensibilidad de pensar en los que te rodean. ¿Acaso no te importa dejar viuda a tu mujer, huérfana a tu hija, sola a tu amante, abandonados a tus amigos y mudo a tu grupo de música? ¿Te crees tú más importante que toda la gente que te rodea? Qué demostración de egoísmo, Ian, qué egoísmo despreocuparte de todos y quitarte de en medio con 23 años. Las cosas no son tan fáciles, hay que afrontar los reveses y saber encajar los golpes, máxime cuando tus lodos los aguas sólo tú solo.
Desconozco la gota última que motivó tu suicidio, pero apostaría a que no influyeron demasiado ni la peli de Herzog que viste en tus últimos momentos ni El idiota de Iggy Pop, eso más bien son anécdotas de mito. Aún así, deberías haber luchado, deberías haber derrocado a los fantasmas de la autodestrucción y olvidado tus sentimientos atormentados. Es difícil comprenderlo. ¡Un joven de éxito que tiene lo que quiere al alcance de sus dedos y con un prometedor futuro en el mundo de la música! La gente te aclamaba en los conciertos y eras querido con tus tintes de poeta romántico. Sabes de sobras que tu mujer te quería y se esforzaba por ser paciente a pesar de tus desvaríos, como también sabes que Annik, tu amante, se resignaba a su segundo plano y aguantaba con temple las consecuencias de tus ataques de epilepsia. Pero la vida no es así, Ian, hay que tomar decisiones porque, a pesar de tu egocentrismo, el mundo no gira a tu alrededor y dos satélites alrededor de ti han de chocar irremisiblemente. No calles tus culpas, sino sé consciente de ellas y asúmelas. Asumirlas no significa tirarse a la cuneta, Ian.
Supongo que has vivido demasido deprisa y quiero pensar que no te has suicidado por engrandecer tu leyenda, como dicen las malas lenguas. Aunque, conociéndote, tu vanidad es tan inmensa que podría creer lo que dicen. Puedo pensar que has muerto desgarrado de amor, como cantas en Love will tear us apart, o como consecuencia de una enfermedad mental derivada de la epilepsia, y quiero rechazar el resto de hipótesis. Sabes que has dejado muchas preguntas sin responder. O quizá nos hablaste en tus canciones y no te entendimos.
Pues que sepas, Ian, que tus compañeros se reencarnaron en New Order y consiguieron triunfar sin ti. Y Debbie, a pesar de todo el dolor de su corazón, continuó viviendo sin ti y crió sana a Natalie, que es fotógrafa y hace sus pinitos musicales. Más aún, te sorprenderías de dónde han llegado tus canciones, esas piezas desnudas que sollozaban tus angustias ahora son usadas por jóvenes para dárselas de cool, y tararean tus temas como hits de macroconcierto barato. A ti, tan íntimo y sensible, ahora te venden a precio de saldo como producto comercial.
Para que veas, Ian, que el mundo sigue dando vueltas sin tus bailes fuera de control.
Hace poco tiempo terminé de leer un libro de cine que tenía por título 2001: la Odisea del Cine. Me atrajo su título cuando lo compré, y más todavía su precio: lo encontré en una feria de libros de ocasión por 3 euros. El ensayo en cuestión está escrito por Alfonso Basallo, periodista y profesor universitario zaragozano, que realiza un análisis profundo de las causas que desencadenan la despersonalización del Séptimo Arte. A través de una crítica ácida y sin pelos en la lengua repasa los principales motivos del declive del cine afrontándolos desde una perspectiva social:
El origen del problema hay que buscarlo en dos enfermedades que aquejan a la sociedad contemporánea: el consumismo, consecuencia natural del capitalismo; y la obsesión por la seguridad. El consumismo ha traído al séptimo arte la trivialización. La trivialización se refleja hasta en la fisionomía de las salas. En cuanto a la seguridad, es evidente que el miedo al fracaso hipoteca la creatividad.
No duda en despreciar al público actual y criticar casi todo el cine actual: desde las películas de Clint Eastwood hasta La Guerra de las Galaxias pasando por Cadena perpetua y El silencio de los corderos:
Exaspera constatar el papanatismo de las masas (antaño llamadas público) ante basura disfrazada de espectáculo o pedantería que se vende como arte. [...] El contraste entre aquel vivero cultural y el manso y acrítico consumismo de ahora es muy elocuente. Como lo es el abismo entre el compromiso y el llamado “pensamiento débil”.
Basallo señala como causas de la decadencia dos factores: la tiranía de la imagen en la actualidad y la separación de arte e industria. Así, de la primera denuncia:
¿Cómo un devorador de Rambos y Terminators, telediarios, violaciones, muertes en directo y en diferido, risas enlatadas (¿se puede enlatar la risa?), estruendo, alaridos y chorros de fuego va a poder saborear a Keaton, tan silencioso, tan elocuente; a Lubitsch, tan sutil; a Robert Bresson, tan austero; a Nicholas Ray, tan pictórico; a Stanley Donen, tan elegante; a Truffaut, tan romántico; a Fellini, tan onírico; a Billy Wilder, tan humano; a Kurosawa, tan humanista?
Y de la segunda causa, señala:
Si algo caracterizó el período más floreciente del cine clásico fue la simbiosis entre exigencias comerciales y planteamientos artísticos. Hacer cine era una aventura; ahora es marketing.
Se trata de un ensayo radical, directo y regado con referencias a los grandes clásicos, desde El crepúsculo de los dioses a El puente sobre el río Kwai pasando por La fiera de mi niña o Centauros del desierto. Quizá llega a ser demasiado purista y generaliza en exceso en lo referente al cine actual. Probablemente no sea un libro imprescindible, pero merece la pena leerlo porque refleja claramente la opinión de muchos cinéfilos: cualquier tiempo pasado fue mejor.

El autor en cuestión, bigotudo y encorbatado.
En la página de Cine han sido colgadas dos nuevos comentarios acerca de dos películas. El primero de ellos, acerca de La Naranja Mecánica y el segundo, sobre Ciudadano Kane. Dos películas imprescindibles y muy personales de dos de los grandes tótems del cine, Welles y Kubrick. Buen provecho.
Hoy en día no tiene mucho sentido jugar a adivinar citas o frases célebres teniendo la barra de Mr. Google en el navegador web; sin embargo, y para los honestos, propongo un jueguecillo de frases de películas. Como ya pasó con el anterior juego, algunas citas son muuuy populares y otras, bueno, no tanto. ¡Suerte!
1. “Es un tipo estupendo, en el sentido despreciable de la palabra”.
2. “Es uno de los nuestros”.
3. “Sentí que me había enamorado cuando, al olerla, sentí náuseas”.
4. “Lo que pasa es que la hormiga es una hija de puta y una especuladora”.
5. “Tu sonrisa se expande como una mariposa”.
6. “Nunca se sabe que traerá mañana la marea”.
7. “Los nietos son un regalo que Dios nos hace por no haber matado a nuestros hijos”.
8. “He venido a Las Vegas para matarme a beber”.
9. “Seguro que no has olido nunca la Capilla Sixtina”.
10. “Te he traído el atún que te prometí”.
11. “Esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia”.
12. “¿En la mano o en el pie?”.
13. “He dicho que no tengo familia, no que mi apartamento esté vacío”.
14. “Te estiras menos que el portero del Liverpool”.
15. “Me siento como una huella dactilar en un rascacielos”.
16. “El pasado es algo que podemos recordar pero no tocar; y todo lo que se recuerda es borroso y vago”.
17. “Vas demasiado limpio para ser alguien a quien le gusta el cine”.
18. “¿No te alegras de que tu madre no te abortara?”.
19. “Me imagino en la cama con Melinda y, al momento, siento que estoy siendo procesado en Nuremberg”.
P.S. ¿Y por qué debían ser veinte?