Domingo de prensa

José Luis López de Lacalle, escritor vasco de 62 años, fue asesinado en el año 2000 a tiros mientras volvía a pie a casa tras comprar la prensa. Fueron algunos cobardes terroristas que, supongo, tendrían miedo de que José Luis supiese demasiado al leer tantos periódicos y estuviese mejor informado que ellos de lo que significan palabras como libertad, bien sea de derecho o de expresión. Me llamó la atención que describían la escena con José Luis llevando una bolsa en la que había cinco o seis periódicos, de diferentes ideologías. Desde aquel día, recuerdo que fue domingo y que leí la crónica en El Mundo, cada vez que salgo un domingo por la mañana a comprar la prensa ando con mucho cuidado, mirando en todas las esquinas, por miedo a que algún enemigo de la lectura me asalte como le pasó al malogrado columnista. Pero es que un domingo sin periódico es poco menos que un partido de fútbol sin balón… Ya decía Albert Camus en La Caída, libro que sinceramente no comprendí en su día, que “una sola frase bastará para definir al hombre moderno: fornicaba y leía periódicos”.

Todo esto sólo para decir que un domingo como el de hoy, después de horas leyendo periódicos y sus distintos suplementos, parece que uno tiene una visión más poliédrica del mundo; más pesimista también, qué remedio, y más reflexiva. Algo así como si al leer el periódico te sentases en una butaca a ver pasar el mundo a través de las delgadas hojas de papel tintado y te sintieses consciente del funcionamiento de su motor (nada esperanzador, por cierto). He leído…

McDonald’s ha incrementado sus ventas un 7,4% en el último trimestre gracias a la crisis porque los consumidores demandan comida barata. Laura, cuarentona, tiene más de 100 pares de zapatos pero no tiene ningún hijo. Los padres Dominicos han montado una red de blogs para expandirse a través de Internet. Telefónica quiere comercializar su red de fibra óptica cuando a mi pueblo de momento no llega ni el ADSL. Carmen, número uno de su promoción en matemáticas, da clases en un instituto y es feliz aunque su tutor universitario le auguró que se arrepentiría y que debía investigar. El grado de innovación (inversión en I+D+i principalmente) es mayor en Eslovenia o en Chipre que en España. Luis María Ansón afirma que sobran dos millones de funcionarios en España. El hijo de Nuria se va de Galicia en verano para mejorar su castellano. Irina, inmigrante rusa, vino a España a trabajar de bailarina y ahora la obligan a venderse a 75 euros la hora y a soportar que los pagadores quieran contarle sus vidas y le traigan flores de dos euros. Bush quiere invertir 700.000.000.000 dolares (son muchos, ¿no?) en ayudar a esos empresarios/banqueros que se han enriquecido gracias a especulaciones y agarrando los huevos de los currantes para que, pobres, no pierdan su dinero (mucho, ¿no?). Van Nistelrooy no había tocado la pelota pero marcó gol en el descuento para que el Madrí ganase otro partido. A un japonés torero lo llaman chino de mierda. Se dice que el único riesgo profesional de los poetas es el suicidio.

Y Paul Newman murió y Scarlett Johansson se casó.

que no os deslumbren esos ojos en blanco y negro

Y un quite por gaoneras

Torcida tarde de toros

El toro deambulaba por la plaza, sangrantes los costados, con la mirada nublada. No entendía el alboroto de aquella plaza de toros, discreta en tamaño pero de público escandaloso. Creyó entender, leyendo los labios del picador, que era el toro más bravo al que había pinchado en su vida. Su autoestima se fortaleció tanto como la valentía del torero al enfrentarse a un astado que había soportado con entereza hasta tres puyazos. Estaba al límite de sus fuerzas, pero entraba al quite con elegancia y decisión con la aspiración de cornear ese gran pañuelo rojo que oscilaba con el viento. No sabía por qué pretendía alcanzar ese capote, ni para qué lo hacía, pero no podía resistirse a pesar de sus famélicas fuerzas. La razón lo habría empujado a recostarse sobre las tablas junto al tendido de sombra, pero un instinto primario lo empujaba contra su voluntad, como un alcohólico no puede decir no a un último chato de vino cuando apenas lo ve o un amante no es capaz de separarse de su correspondiente aún en su propio perjuicio.

Los naturales y pases de pecho se sucedían entre olés del público que lo animaban a embestir con mayor determinación. Él quería ser el triunfador y por eso miró de reojo con sonrisa cómplice al torero tras un estatuario en el que rozó con el pitón derecho el pecho del torero inmóvil. El torero no iba a ceder; debían llegar a un acuerdo para ganar ambos en ese duelo a muerte. Los “olés” se transformaron en “uys”, cada muletazo precedía una caricia del cuerno del toro sobre el traje de luces, siempre caricias bien medidas para ver si así el torero comprendía lo que le quería decir. Pero no fue así.

El torero se plantó frente al cornudo acostando el capote en la arena y preparando la estocada. Y ocurrió que en ese instante un gran nubarrón cubrió el sol y sumió en tenue penumbra la plaza, especialmente la zona en la que el toro, sumiso y derrotado, aceptaba su muerte. El torero se puso de puntillas antes de lanzarse sobre el animal y en ese instante descubrió el brillo en la piel negra del toro y los ojos suplicantes. Comprendió que el animal lo había dado todo e incluso aceptaba la muerte con la cabeza gacha abriendo de par en par sus vértebras en señal de sumisión. Dio media vuelta, dejó caer el estoque en el ruedo y salió por la puerta grande. Andando.

Algunos Hijos de Puta

Se le desangra en lágrimas la infancia hecha pedazos.
Siente miedo y congoja. Le tiemblan las rodillas.
No es peor el infierno que este feroz instante,
ni la muerte es más muerte que su niñez en ruinas.
Ella ignora que hay manos que son golpes de fuego,
y que hay tactos inmundos que escarban y acuchillan
mientras buscan tibiezas de imposibles rincones
en su carne novicia.

[...]

Ella sólo sabía del vuelo de sus trenzas
cuando estaba jugando al filo de la risa.
Ella sabía de arrullos de maternal fragancia
y el beso que el crepúsculo pintaba en sus mejillas.

Ahora sabe más cosas. Sabe espigas tronchadas
y sabe cielos sucios de escombro y de ceniza.
Está llorando entera la niñez en abrojos.
Su inocencia tirita.

[Juana Pines - El silencio de Dios]

Watchmen y sus personajes

Siempre he sido un absoluto ignorante del mundo de los cómics; en todo caso leía tebeos en mi infancia: Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, Super López. Sin embargo, la casualidad hizo que hace unos años tropezase con un apasionado de esos mundos gráficos de superhéroes. Fue él quien me introdujo, a mi pesar, en este mundillo. Al principio me embaucó con series como El Predicador, la historia hiperviolenta de un reverendo americano en su búsqueda de Dios (sic), o Y, el último hombre, las aventuras del único ser vivo de sexo masculino que sobrevive a una epidemia mundial (imagínense qué miedo). Después llegaron las novelas gráficas, como V de Vendetta, la rebelión de un misterioso y refinado individuo contra un Estado totalitario del que pretende vengarse por ciertos asuntos; Maus, que narra las penurias de un superviviente en Auschwitz desde el punto de vista de su hijo de forma conmovedora y terriblemente triste (lean Maus!); o El regreso del Señor Oscuro, la historia de la decadencia de un Batman cincuentón criticado por los medios de comunicación por sembrar la discordia en Gotham. Después llegó Watchmen.

Watchmen es una novela gráfica con guión de Alan Moore y dibujo de Dave Gibbons que supone una de las obras cumbre del cómic. En la novela se intenta vislumbrar cómo sería el mundo si en él habitasen superhéroes… y tuviesen que seguir pautas de comportamiento humanas. Los superhéroes que aparecen (Rorschach, Búho Nocturno, Dr. Manhattan,…) se presentan humanizados, con sus conflictos morales y sus problemas personales. Y todo, en el escenario del albor de una guerra nuclear entre Rusia y Estados Unidos.

Watchmen, en contra de la naturaleza habitual del cómic, destinado a un lector juvenil y orientado a la narración de grandes epopeyas de superhéroes invencibles, rompe con los tópicos y se presenta como una novela gráfica inteligente y con sólidos pilares argumentales. Desde mi punto de vista, su gran virtud reside en su realismo psicológico, es decir, en la coherencia del comportamiento moral de los personajes en función de su forma de ser. En concreto, las personalidades de dos de los protagonistas, Rorschach y el Dr. Manhattan, constituyen dos grandes aciertos de Alan Moore.

Rorschach: “Cuando se ha visto el interior oscuro del mundo no se le puede dar la espalda ni fingir que no existe”.

Rorschach es ¿un superhéroe? ¿un humano?. Es un personaje de escasa moral sin ningún tipo de poderes sobrenaturales que colabora con el resto de superhéroes en la defensa de los intereses ciudadanos. La conducta de Rorschach se puede asemejar a la de un psicópata sin escrúpulos, y en algunos pasajes de la novela se vislumbra el por qué de su dura coraza sentimental. En su infancia, la madre de Rorschach trabajaba como prostituta e incluso maldecía a su hijo diciéndole “tenía que haberles hecho caso, debería haber abortado” (dulce piropo). Es frío, solitario y actúa al margen de la ley. Se siente humillado cuando un psicólogo le insta a confiar en la bondad innata del hombre, ¡a él le vienen con pamplinas, que ha tenido que sobrevivir entre mierda tanto tiempo! Precisamente la convivencia con los elementos más sórdidos de la sociedad han forjado su personalidad.

Dr. Manhattan: “No puedo cambiar el futuro, para mí ya está ocurriendo”.

El Dr. Manhattan es el auténtico superhéroe de la novela. Pero héroe por una casualidad fatal: los avances en física nuclear en plena Guerra Fría desembocan en un experimento que accidentamente convierte a un joven humano llamado Jon Osterman en un superhéroe al margen de las leyes de la física. Jon, a raíz del accidente, toma un aspecto azulado y es capaz de teletransportarse o ver el futuro, entre otros cientos de privilegios: es como Dios. Se convierte en el arma invencible del Gobierno americano para atemorizar a los rusos ante una eventual guerra nuclear. Sin embargo, Jon pierde algo con el cambio de humano a superhéroe: los sentimientos. El Dr. Manhattan no ve personas ni objetos, sino estructuras moleculares de mayor o menor armonía; no siente el paso lineal del tiempo, sino que lo percibe en todas su dimensión espacio-temporal. Y esto, claro, tiene sus inconvenientes. Ve el futuro, pero no puede torcerlo, lo que hace que se sienta como una marioneta privilegiada. Se pregunta: “¿soy yo quién da forma al mundo o mi mano sigue su contorno predeterminado?”.

P.S. En 2009 estrenan una película basada en Watchmen. El trailer tiene buena pinta.

Simpático iPod

Tengo un iPod que además de reproducir buena música es muy simpático y si juegas a un jueguecillo tipo trivial que incorpora es capaz de sorprenderte con preguntas como ésta mientras te aburres en el tren camino a casa un fin de semana cualquiera:

Un iPod nano pelota.

Y hablando de música, el otro día prometí a mi hermano que grabaría un CD de música para llevarlo en el coche cuando saliese de fiesta ¡y ahora resulta que no sé qué canciones poner en dicho CD! A ver si alguien me echa una mano. De momento, he pensado en las siguientes:

  1. Idioteque [Radiohead]
  2. Girls and boys [Blur]
  3. She’s lost control [Joy Division]
  4. I’ve been to a marvellous party [The Divine Comedy]
  5. Spite and malice [Placebo]
  6. Angel [Massive Attack]
  7. Personal Jesus [Depeche Mode]
  8. Hey Boy, Hey Girl [Chemical Brothers]
  9. Breathe [Prodigy]
  10. Lust for life [Iggy Pop]
  11. Here comes your man [Pixies]
  12. Club Foot [Kasabian]
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