Formateando…

Algo se muere en el alma cuando un disco duro se va. Se rompa físicamente el lector o se enrede de forma anómala el sistema de ficheros, la pérdida de tantos y tantos ficheros personales de un disco duro siempre supone un trauma. Al menos a mí. Y volvió a suceder hace poco tiempo. Ninguna de las opciones conocidas de rescate funcionó, hubo que empezar de cero. Y mientras la barra de progreso de la re-instalación iba avanzando, me embargaba un sentimiento de temor ante lo perdido, una especie de miedo al futuro próximo en el que fuese a echar mano de un documento desaparecido en la maraña de bits. No es que te duela algo, pero tienes miedo porque sabes que te va a doler en breve. Algo así como una pre-preocupación. Y sin embargo, fueron pasando los días y ese temor fue decayendo hasta que me di cuenta de qué pocas cosas necesitamos y cuántas guardamos.

Cuando uno pierde el móvil, sobre todo cuando no había tanta sincronización de datos, la agenda le preocupa más que el propio dispositivo. Se apura a comunicar a todos sus conocidos que requiere sus números porque los ha perdido y teme no tener a quién llamar (sic) o desconocer quién le llama. Ese paso no es necesario porque la inercia te lleva a recopilar en breve los teléfonos que realmente te interesan, que son los que “te usan”. Y a la larga siempre tendrás un amigo que tenga el teléfono de otro que necesites, así que no debería suponer ningún trauma perder la agenda telefónica.

¿Qué nos es imprescindible? Ponte a sumar y restas todo. Las fotos imprescindibles de nuestra vida al final no las volvemos a ver salvo por tropiezo, la pulsera que nos regaló nuestro mejor amigo en la feria del pueblo vecino a los catorce años ni siquiera recordamos de qué color era, nuestra chica de juventud la recordamos con frecuencia, pero como si hubiese pertenecido a otra vida (ni que hubiésemos tenido otra). Hay gente que no sé para qué querrá tantos menús de boda y comunión, tantos programas de las fiestas patronales, tantos muñecos de peluche, tantos novios en otras vidas.

En realidad es más sano reiniciar, limpiar la memoria volátil, conservar en el disco rígido sólo lo necesario (que no es lo más importante), evitar información nociva y aligerar procesos redundantes u obsoletos. Sólo formateando y empezando de cero se puede conseguir huir de hábitos adheridos a rutinas viciadas y reconfigurar de inicio nuestra imagen.

Formatting process… 87% completed

P.S. Sí, todos sabemos lo que es un backup, ¿y qué? También sabemos que tenemos que comer manzanas y judías verdes pero pedimos hamburguesas y vino.

Esta entrada se publicó el día 24-September-2013 a las 12:02 pm y está clasificada en las categorías actualidad, informática, personal. Puedes suscribirte a los comentarios de la entrada a través del lector RSS 2.0 y puedes introducir un comentario.

1 comentario

  1. Todo es relativizable (¿existirá esta palabra?). Y todo tiene su lado bueno. La biblioteca de Alejandría fue quemada (esos malditos romanos). ¿Y qué?

    Y las antiguas novias tienen a bien pertenecer a un lugar y a un tiempo determinado, es cierto. Y allí están muy bien. Lo que queramos hacer con su recuerdo no es más que responsabilidad nuestra.

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